Radiografía de la población joven que ni estudia ni trabaja

El informe “Jóvenes con necesidad de inserción educativa o laboral” es un análisis demográfico que identifica la población joven de la ciudad que no está matriculada en ningún centro educativo ni se encuentra en situación laboral activa. Según el estudio, un 13,2% de la población barcelonesa de entre 16 y 24 años ni estudia ni trabaja. Las conclusiones se utilizarán como base para generar nuevas herramientas de inserción.

El perfil tipo de la persona joven de Barcelona que no estudia ni está incorporada en el mercado laboral es de un hombre, de nacionalidad española, soltero, con un nivel de enseñanza secundaria obligatoria alcanzado y con progenitores con estudios de hasta segundo grado. “Estamos hablando de más de 17.000 personas que se encuentran en esta situación”, ha recordado al comisionado de Educación, Miquel Àngel Essomba. “Eso quiere decir que, en un aula con una treintena de estudiantes, cuatro de ellos saldrán condenados a no estudiar ni trabajar”, ha calculado.

Essomba también ha hecho una valoración de los datos del estudio: “No pueden ser satisfactorios de ninguna de las maneras, ya que ponen de manifiesto una cronificación temprana del paro que puede causar riesgo de exclusión social en muchas personas jóvenes”, ha manifestado. El porcentaje de jóvenes de Barcelona que no estudian ni trabajan es inferior al de la media catalana y española, que se sitúa en el 15 %, pero superior al de la media de la Unión Europea, que es del 12 %.

Según el informe, elaborado por el Observatorio del FP de la Fundación BCN, cuanto más bajo es el nivel educativo alcanzado, más incidencia hay de personas que no estudian ni trabajan. La teniente de alcaldía de Derechos Sociales, Laia Ortiz, ha expresado que los datos ponen de manifiesto la falta de un acompañamiento por parte de las instituciones y de la administración pública en la transición de la educación obligatoria hacia el mundo laboral.

“No nos tenemos que preguntar qué tienen que cambiar los jóvenes, sino qué tenemos que cambiar nosotros”, ha señalado Ortiz. “Es evidente que los programas de profesionalización no están gustando a la juventud, y eso quiere decir que hay que diseñar herramientas adicionales”, ha reflexionado Ortiz. El estudio subraya también que, para que el acompañamiento institucional sea efectivo, es necesario un registro único de datos compartido entre la administración educativa, la laboral y los servicios sociales.