“Me enteré por casualidad de que me habían condenado”

Egipto se ha convertido en una de las mayores cárceles de periodistas del mundo bajo el mando del mariscal de campo Abdel Fattah al-Sisi, presidente del país desde el 2014. Esa es la opinión de Reporteros sin Fronteras, que asegura que los informadores son perseguidos y condenados a largas penas de cárcel, incluso a cadena perpetua. Ese fue el caso de Ahmed Ali, fotoperiodista, colaborador de la Comisión Egipcia de Derechos y Libertades y miembro del ahora prohibido Movimiento de Jóvenes 6 de Abril, uno de los impulsores de la revolución de Tahrir. Ali tenía 18 años cuando se manifestó en la plaza para exigir la caída de Hosni Mubarak, y 23 cuando lo condenaron a pasar 25 años en prisión durante un juicio del que ni siquiera se enteró. Huyó del país y reside en España desde abril del 2016, acogido por el Programa de Protección Temporal de Defensoras y Defensores de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. Hace cinco meses solicitó asilo político. Diplomado en Informática, espera poder ampliar sus estudios aquí y seguir trabajando como periodista.

¿Cómo empezó todo?

Me detuvieron el 1 de setiembre de 2014 con nueve compañeros más del Movimiento 6 de Abril. Estaba trabajando entonces en un documental sobre periodistas que habían sido arrestados y que habían muerto, e iba a cubrir el primer aniversario de la muerte de Ahmed al-Masri, un amigo al que la policía disparó cuando tomaba fotografías de la matanza de Rabaa al-Adawiya [el 14 de agosto de 2013 más de ochocientas personas murieron cuando el ejército dispersó a tiros en el Cairo dos acampadas de protesta contra el derrocamiento, liderado por al-Sisi, del Gobierno de los Hermanos Musulmanes].

¿Qué pasó durante el arresto?

Estuve arrestado cinco días, durante los cuales me insultaron y me amenazaron. Me asustaron mucho, diciéndome que nunca volvería a salir y que mi familia podría sufrir violencia. A mí no me torturaron ni me pegaron, pero a otros sí. Salí en libertad tras pagar una fianza. Estuve dos o tres semanas en casa para tranquilizarme y luego volví a trabajar en el centro de derechos humanos.

“En Egipto se juzga a la gente con las mismas acusaciones. Son un corta y pega

Y te juzgaron un año después en ausencia.

Me preocupé durante meses, pero mi abogado me dijo que no tenían pruebas en mi contra. Pero en octubre del 2015 me condenaron a 25 años de cárcel, sin comunicármelo, ni a mí ni a nadie. Me enteré por casualidad, porque un abogado amigo mío estaba ahí, en los juzgados. Nos acusaron de pertenecer al Movimiento 6 de Abril, de habernos manifestado sin autorización, de habernos enfrentado a las fuerzas de seguridad, de cortar el tráfico. En Egipto siempre se utilizan las mismas acusaciones. Son un corta y pega.

Veinticinco años de prisión es cadena perpetua en Egipto.

Sí. Los juicios han sido muy duros contra los fotógrafos, los periodistas, los activistas y los políticos, sobre todo después del 30 de junio de 2013 [fecha del golpe militar que destituyó al presidente Mohamed Mursi]. Ha habido incluso sentencias de muerte. El juez que me condenó, Nagy Shehata, es muy conocido por sus sentencias increíbles: juzgó a más de mil personas y ninguna de ellas salió en libertad. El periódico El Watan lo entrevistó dos semanas antes del juicio y fue muy franco hablando de nuestro caso: dijo abiertamente que estaba en contra de la libertad de prensa, que la revolución de enero fue un fracaso y que tenía una enemistad personal con el Movimiento 6 de Abril. También dijo que recibíamos fondos de países extranjeros para desestabilizar el país.

Y decidiste huir del país. ¿Fue difícil tomar esa decisión?

Mucho. Yo no quería irme, pero mis amigos me convencieron para que me marchara. Claro que fue difícil dejar el país y no poder volver. Por eso al principio pasé por una larga etapa de profunda tristeza. Pero si me hubiera quedado en Egipto, habría ido a la cárcel, y no habría salido de ahí seguramente. Hubiera estado también alejado de mi país.

¿Cómo conseguiste huir?

Se estaba condenando a tanta gente entonces que podían pasar dos o tres semanas hasta que la policía actuaba. Me fui tres días después de la sentencia. Salí tranquilamente, por el aeropuerto. No tenía miedo, porque si me arrestaban me esperaban 25 años en prisión. Hablé con la policía, les dije que era fotoperiodista y que iba a Uganda a trabajar. Y me fui, no pasó nada. Pasé dos meses en Uganda, y después tres meses en Kenia, donde colaboré con Amnistía Internacional. Ellos me ayudaron a conseguir el visado para entrar a España.

¿Por qué Uganda?

Porque para un egipcio es muy fácil conseguir allí un visado. De hecho, pensaba irme al Líbano, pero para poder viajar hasta allí necesitaba un permiso de las fuerzas de seguridad. Por eso en el último momento cambié y opté por Uganda.

Participaste en la revolución de Tahrir, en enero del 2011. ¿Cómo has vivido lo que ha pasado desde entonces?

Viví con entusiasmo la revolución y estuve los 18 días en la plaza de Tahrir. Yo era de los partidarios de no dejar la plaza cuando cayó Mubarak, pero la Junta Militar convenció a otros partidos políticos de que todo se había arreglado. Volvimos a Tahrir más tarde, cuando la Junta Militar no respetó ninguna de las demandas del pueblo. Pedimos que se acabara el Gobierno militar, y durante un año los Hermanos Musulmanes estuvieron en el poder. Entonces se juntaron la estupidez de los Hermanos Musulmanes y la astucia de la Junta Militar. Los Hermanos Musulmanes pensaron que cuanto más reconocieran el poder del ejército y de la policía, más los protegerían. Pero la Junta Militar fue mucho más lista que ellos y jugó con ellos para poderlos derrocar.

Y empezó la represión contra el partido islamista. ¿Qué hiciste?

Luché por ellos y por las víctimas de Rabaa, y me he manifestado en contra de la represión de la que son objeto por parte del Gobierno. Todo el mundo tiene derecho a manifestarse y a tener un juicio justo, y cualquiera que no tenga relación con un acto de violencia debería ser puesto en libertad. Pero, políticamente, me opongo a ellos. Los Hermanos Musulmanes también eran dictadores, pero era una dictadura de la religión. Son víctimas de la represión, pero no las únicas. Creo que ahora el régimen reprime con mucha más violencia a los liberales, a los socialistas y a los laicos.

“En Egipto se tacha de terrorista a cualquiera que se manifieste contra el régimen”

¿La represión es ahora más dura que durante la dictadura de Mubarak?

La situación ahora es más difícil. Durante la época de Hosni Mubarak solo había unas pocas decenas de personas que alzaban la voz, y por eso solo unas pocas eran arrestadas. Pasaban unos meses en la cárcel, los asustaban un poco y salían. Con la revolución se abrieron las compuertas y mucha más gente empezó a hablar, por eso ahora los números son más importantes. Además, se han promulgado nuevas leyes aún más represivas, como la del terrorismo, que permite a la policía arrestar a mucha gente. Se tacha de terrorista a cualquiera que se manifieste contra el régimen. Y se imponen condenas muy duras.

¿Cómo definirías al Gobierno actual de Egipto?

Es un régimen militar que llevó a cabo un golpe contra la revolución de enero, no contra los Hermanos Musulmanes. Al-Sisi es uno de los hijos políticos de Mubarak, al que puso al frente de los servicios secretos. Egipto ha sido rehén de los militares desde 1952, cuando se proclamó la república. Y cuando hablo de los militares no estoy atacando a las personas que pertenecen al ejército, estoy hablando de los mandos.